Descontaminar Huelva (de políticos corruptos)


Pepe Cantó (c) Greenpeace / Pablo Blázquez

Pepe Cantó (c) Greenpeace / Pablo Blázquez

Entró en la Administración para luchar contra la contaminación, pero tuvo que luchar contra la corrupción. Pepe Cantó nos cuenta cómo a veces es más fácil deshacerse de vertidos tóxicos que de políticos corruptos.

Recibimos a Pepe Cantó en el Arctic Sunrise a nuestro paso por Huelva. Siempre afable, sus palabras dejan el regusto amargo de quien ha visto cómo “los malos” se salen con la suya. Dispara sin titubear nombres ininteligibles de productos químicos, empresas contaminantes y detalles políticos turbios mientras nos guía hasta el muelle del Tinto, primer símbolo de la contaminación industrial en Huelva.

Construyeron el muelle del Tinto en 1876 para cargar el cobre de las minas de Riotinto en los barcos. La minas dieron lugar a la primera manifestación ecologista: el cobre se quemaba a cielo abierto, y el humo causaba muertes y dañaba la agricultura local. En 1888 hubo una manifestición “antihumos”, pero el ejército abrió fuego contra los manifestantes.

Es curioso que el primer sitio del mundo con una manifestación ecologista sea uno de los más contaminados 130 años después…

El problema son los políticos. La matanza de 1888 pretendía tapar un problema medioambiental y de salubridad, hoy en día ocurre lo mismo. La gente en Huelva adolece de una falta de información enorme. Los poderes fácticos usan la intoxicación social, con el Recreativo o el Rocío, para que la gente no sea consciente del grave problema de contaminación. Como siempre digo, si quieres saber lo que pasa en Huelva, lee el Diario de Sevilla.

¿Pero por qué tapar semejante problema público?
[Ríe] ¿Tú sabes el intercambio de amiguetes que hay entre partidos políticos y empresas? Cuando fuí Director Técnico de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía encontramos solución a algunos de los muchos problemas de contaminación. Después de mucha presión, algunas empresas la aplicaron, pero no me dejaron meter mano a otras como Atlantic Cooper. Fíjate cómo serán las cosas que cuando abandoné el puesto denuncié a esta compañía con mis propios recursos, y aunque le pusieron una condena firme de cinco millones de pesetas en 1999, siguieron permitiendo que contaminase. Dos meses después le dieron un premio por excelencia a la gestión medioambiental, que le entregó la propia ministra de Medio Ambiente de entonces, Isabel Tocino.

¿Y como Director Técnico de la Agencia de Medio Ambiente no pudo hacer nada para acabar con la contaminación?
No me dejaron. El PSOE me llamó en 1990 por mi trayectoria en el campo de la minería. Acepté, a pesar de dividir mis ingresos de entonces por cinco. Pero solo me querían para firmar papeles en blanco y prevaricar, y como me negué me destituyeron tres años después. No acepto que me utilicen profesionalmente para mantener el beneficio sectario de partidos politicos. Si lo hubiese permitido, hoy yo podría ser consejerito o directorcito de algo, pero no he entrado en ese juego. Ser honesto cuesta mucho.

Entonces, ¿la contaminación sigue igual?
Ah, ¡ahora esto es gloria! Esto ha mejorado mucho en los últimos 25 años. Antes los barcos de Tixoide, por ejemplo, tiraban directamente ácidos fuertes al agua, y se llegaban a formar islas de residuos. Ahora vuelve a haber peces en la ría, que entran desde el mar. A veces hay pescadores por aquí que pescan y luego venden el pescado. Me suelo acercar a explicarles que es mejor que vayan más abajo, porque aquí los peces tienen una alta concentración de cadmio, cobre y plomo.

¿A qué se debe esta mejora?
Sin duda, a la presión de distintas organizaciones y movimientos sociales como La Mesa de la Ría o Higia. La colaboración entre Greenpeace y La Mesa de la Ría ha conseguido, por ejemplo, dar relevancia internacional al problema, y ha hecho que los fosfoyesos se hayan pasado de considerar simples “yesos” a “vertidos tóxicos ligeramente radioactivos”. Es un gran avance desde la época en la que Fertiberia, la empresa responsable de los fosfoyesos, se enorgullecía al decir que gracias a ellos se había solucionado el tema de los mosquitos en Huelva.

HUELVA Y LA CONTAMINACIÓN

La instalación de industrias altamente contaminantes en Huelva comenzó en la década de 1960. El Gobierno promocionaba sus “desagües naturales” y daba carta blanca a la contaminación en nombre de la regeneración económica de la región. Lo que ha quedado años después es la ciudad con tasa de mortalidad por cáncer más alta de España, y cuyas aguas, las del estuario del Odiel, son las más contaminadas del mundo por metales pesados. Mención especial merecen las balsas de fosfoyesos, responsabilidad de la empresa Fertiberia, que están situadas a apenas 500 metros del casco urbano de Huelva y que ocupan más superficie que la propia ciudad. “Son un inmenso reactor químico que está en actividad porque está mezclado con otros residuos”, comenta Cantó..

Publicado originalmente en GPM14