España: La sublimación del Pueblo


Estos relatos son parte de la serie Realidad aumentada:  historias imaginadas a partir de fotografías.

Ignacia

A la señora Ignacia le encantan los lunes, porque es el día que sale el “¡Hola!”. Y aquí la tenemos un lunes más, con su flamante revista abierta por la tercera página.

–¡Oh, Dios mío! ¡Qué desfachatez!

Los demás clientes se vuelven irremediablemente ante sus gritos, pero la señora Ignacia no repara en ellos. Está absorta en la sucesión de sonrisas de archipámpanos, petimetres y mujeres emperejiladas, y en los destacados celulíticos de tal o cual famosa en biquini.

–¡Qué repugnante exhibición de emociones básicas y pasiones irresueltas! ¿Qué clase de degenerados son capaces de perpetrar estos lascivos reportajes? Se habrán creído que las viejas nos masturbamos con parejas sonrientes y ociosas porque nunca encontramos un príncipe azul que tuviese más corte que la de sus cabras o más riqueza que el hambre de la posguerra. ¡Oh, Señor, qué tiempos estos en los que a las septuagenarias nos tratan como a quinceañeras chorreantes!

A la señora Ignacia le encantan los lunes, porque es el día que sale el “¡Hola!”. El resto de los días los reparte entre Boecio, Nietzsche y Jung, porque para algo le sirve saber leer.

Vítori

Cuando el agente Pérez llega a un callejón sin salida en la investigación de un caso, sabe a dónde acudir. Calle Estudios 15-17, 2º derecha. Allí, además de una taza de café, unas pastas y las últimas actualizaciones sobre una buena retahíla de enfermedades y dolencias, recibe siempre valiosas informaciones para sus casos. Porque la tía Vítori y su red de perspicaces ancianas no pierde detalle de cuanto acontece en la ciudad.

Tere

Tere sabe cómo complacer a sus clientas. En su mercería vende botones a los que si susurras “María Teresa Campos” tres veces te producen una nueva dolencia de la que fardar. Medias que si les haces una carrera fallece un conocido lejano en circunstancias misteriosas para el asombro y perplejidad de todo aquel a quien se lo narren. Bragas cuyos posos desvelan información sobre amigos y familiares para revelar a tus amigas en confidencia.

Todas las señoras quieren ir en ca’Tere.

Juan

A los 17 años Juan comenzó a perder poco a poco la vista. Los médicos no pudieron darle ninguna solución, y Jua

Nadie sabía qué hacer.
Juan estaba desesperado.
Pero un día los médicos
por fin encontraron remedio. De modo que cuando la recuperó, a los 53 años, no perdia ocasión de comparse las revistas donde salían las señoras más bonitas.

Pepe

Josefina González, la dueña de Juguetes Sánchez, piensa que es un pervertido porque sabe que no tiene nietos. María Gómez, su vecina, sospecha algo raro cada vez que le ve subir lleno de polvo. Y Esteban Martínez, el director de su caja, ya no le quiere dar más crédito para comprar material fotográfico. Pero Pepe, nuestro protagonista, disfruta de lo lindo sentado con su cámara al otro lado de la rejilla.

Miguel

Miguel mueve y mueve la cadera, golpea y golpea el bombo, da un paso y otro hacia delante y hacia atrás. En cada movimiento pone su corazón: danzad, marías, porque con vuestro baile estáis construyendo la esencia de España este soleado día de agosto.