La protesta también es democracia


(c) Greenpeace / Pedro Armestre

(c) Greenpeace / Pedro Armestre

Domingo 25 de mayo de 2014, 19:00h. A punto de concluir la jornada de elecciones europeas, Andrés acude al colegio electoral. Va acompañado de su esposa, aunque ella no puede votar por ser mujer. Él, aunque contento de participar en las elecciones, está cansado: hoy (¡domingo!) ha trabajado diez horas seguidas, y hace meses que no guarda fiesta. Pero esta es su oportunidad para cambiar las cosas. De modo que coge su papeleta, hecha con papel procedente de tala ilegal, y la deposita junto a sus esperanzas en la urna de PVC.

Esta situación parece un disparate. Pero así podría ser perfectamente nuestro mundo hoy de no haber sido por la protesta pacífica y la desobediencia civil. Las sufragistas que se encadenaron al palacio de Buckingham y se negaron a pagar las multas que les imponían hicieron del voto femenino una realidad. Las huelgas de trabajadores de finales del s. XIX nos permiten hoy disfrutar de tiempo libre. Y gracias a las reivindicaciones pacíficas de Greenpeace hoy los importadores de madera están obligados a evaluar la procedencia de su mercancía, y el PVC, tan contaminante, está cada vez más estrictamente regulado.

Hay muchos más ejemplos. Porque, de hecho, la protesta pacífica y la desobediencia civil a lo largo de la historia han sido unaherramienta poderosa para avanzar hacia los derechos civiles y la democraciaallí donde se producían abusos. Ponerles trabas es característico de regímenes autoritarios y contribuye a estancar la sociedad y prolongar injusticias y abusos.

Y eso es exactamente lo que está haciendo el Gobierno de Rajoy.Dos de las reformas legislativas que está llevando a cabo, la del Código Penal y la de la Ley de Seguridad Ciudadana, estánmanifiestamente diseñadas para entorpecer los derechos de libre expresión y manifestación, que están recogidos en la Constitución y que son la base de una democracia sana. Además, la ya aprobada Ley de Tasas pone trabas al acceso a la justicia al establecer tarifas por cualquier acción legal que se quiera emprender contra los abusos que propiciarán estas reformas.

Este atentado contra la democracia solo puede significar una cosa: que el equipo de Rajoy está incómodo. Su mandato, caracterizado por una flagrante falta de diálogo social y por el abuso del “decretazo” en temas altamente polémicos, ha sido, cómo no, respondido por una una contundente y constante contestación social. Con estas reformasel Gobierno ambiciona desactivar esta contestación a base de multas copiosas ydiscrecionales. Dicho de otro modo, ambiciona reducir el diálogo social, el entendimiento entre partes y búsqueda de soluciones comunes en beneficio de su poder. Lo quesignifica reducir la democracia a la mínima expresión.

Porque la democracia es -ha de ser- mucho más que depositar un papel en una urna cada cuatro años.Una democracia es corrupta e inválida si no viene acompañada -entre otras cosas- de un fluido diálogo social, que solo se puede conseguir con una disposición al entendimiento y una estructura legal que tolere la protesta y la disidencia pacíficas.Si no las hay, el “mundo” de Andrés dejará de ser un disparate. Condenaremos a nuestros hijos a sufrirlo, privándoles de ver -por ejemplo- un acceso universal y justo a una vivienda digna o un medio ambiente saludable.

Aún estamos a tiempo. Defendamos la democracia.Defendamos la protesta.

Publicado originalmente en El País >>