Esto es lo que nos dijo Esperanza Aguirre cuando la llamamos FEA


Participar en un acto ultrarracional no es fácil. O eso nos parece cada vez que hacemos uno. Todo está planeadito y parece fetén y muy gracioso en el papel, pero al llegar al lugar del crimen todo es otra historia. Las risas se convierten en neuronas desquiciadas que se bajan hasta el estómago para agitarlo bien, y el único impulso consciente es el de ir a casa a ver memes en Facebook.

Ocurre todas las veces. Nos pasó, por ejemplo, el día que llamamos a las armas al pueblo de Madrid para expulsar a Ana Botella de la alcaldía con la pancarta “A cada Botella le llega su Dos de Mayo”. Acudimos a las cinco de la mañana con legañas, escalera, pancarta, cuerdas y horas y horas de ensayo a nuestras espaldas, y en ese momento sólo pensamos en volver a la cama. También nos pasó en “hipsters con Rajoy”, cuando nos vimos en el epicentro de la carcundia y pretendíamos pasar desapercibidos… ¡yendo de hipsters! (O lo que fuera aquello, porque vamos…) Sólo después de una minuiciosa observación de la gente que había, y tras empezar a imitar sus usos y costumbres, como responder “¡Arriba siempre!” tras cada “¡Arriba España!”, nos conseguimos calmar.

Pasaron unos 40 minutos hasta que el primer fan plebeyo consiguió acercar su morro a Aguirre, en un ejemplo modélico de política pepera.

Pero el acto en el que más nerviosas hemos estado ha sido el de Feministas con Esperanza Aguirre. Tanto, que casi no sale. Este acto lo hicimos conjuntamente con un grupo feminista de verdad, que nos dio legitimación para usar el nombre del feminismo en vano. Ellas eran las que iban a aparecer con Espe en la foto. Y allá que fueron todas, unas siete u ocho, con sus flamantes camisetas a la presentación del libro “Yo no me callo”, que se tragaron estoicamente.

Y llegó la hora de la verdad, la firma del libro. Masas de gente corrieron, a la velocidad a la que corren las abuelas, a abalanzarse sobre la tragapodemitas. Se formó un barullo monumental, y mientras que la plebe, representada por una masa indefinida de tutankamones, paquirrines, arrugas, visones, perlas, gemelos, gominas, cardados y corbatas esperaba su turno a un lado de la mesa, quienes tenían el salvoconducto del carnet del PP se llegaban a Espe sin hacer cola ninguna. Pasaron unos 40 minutos hasta que el primer fan plebeyo consiguió acercar su morro a Aguirre, en un ejemplo modélico de política pepera. Aquí, por fortuna, habría firmas para todos.

O no. Nuestro primer grupo de choque abandonó. La presión era demasiado grande. Quedaba el grupo de apoyo, que en ese momento de crisis, también pensó en abandonar. ¿Qué bestias míticas poblarán este hotel de la Castellana? ¿Nos clavará la hidra carcúndica sus cien mil ojos al entrar, descubriendo nuestro propósito y arrancando nuestras cabezas de un mordisco con sus dentaduras postizas pero sedientas de carne joven? “¡Sí, vayámonos, ya lo haremos otro día!” exclamó Ano, cagado. Acababa de llegar. “¿Pero qué otro día? ¡No va a haber otra oportunidad!” respondió Rasomon, cabal. “Calma, ahí cada uno va a su rollo, entrad que nadie va a decir nada”, dijo Mr. Satan tranquilizante.

Y entramos.

Éramos E.P., L.T. y Ano, con Rasomon y Mr. Satan de apoyo. Caminábamos como en la escena final de “Los pájaros”, invisiblemente, para que ninguna pájara nos advirtiese. Llegamos lo más seguras que pudimos hasta la cola, que era aún larga, con el libro que previamente habíamos comprado. En seguida vinieron dos corbatudos:

– Hola, Policía – nos dijeron mientras nos enseñaban una placa. – ¿Quién es el responsable aquí?
– Emmmmm… Pues… – ¡Ya nos habían cazado! Guardamos los últimos microgramos de entereza para afrontar una conversación que parecía que iba a ser dura. Por suerte prosiguieron sin que tuviéramos que designar responsable, que para nosotras era como mandar a alguien directamente al paredón.
– Vamos a ver, como comprenderéis, somos los encargados de que no ocurra nada raro aquí. Os hemos visto ir de aquí para allí con esas camisetas, pero esperamos que no estéis tramando nada raro. Entendemos que venís a que Esperanza os firme el libro, se haga una foto y ya, ¿no?

¡Uffffffffffffff! ¡Sí, eso es exactamente lo que queríamos! Queríamos saltar y abrazar al agente, pero nos contuvimos:

– Sí, claro, señor agente.
– No vais a hacer ninguna burla, ninguna chanza, nada de eso, ¿no?
– No, no, claro, señor agente. – ¡Si la chanza la llevábamos incorporada!
– Bien, entonces estamos en línea. Pero no queremos ver nada raro, ¿eh?
– No, no, descuide.
– Bien, buenas tardes.
– Buenas tardes.

Se alejan. Silencio y miraditas. Sigue el cague, pero la caca ya no huele tan mal: esta conversación supone la victoria. ¡Vamos a hacer exactamente lo que nos ha pedido la policía! Bien.

Pasado el nerviosismo inicial, nos preocupamos en seguir pasando inadvertidas. Pero es imposible, claro. El señor de delante de nosotras en la cola nos mira curioso. Parece simpático, y me presto a hablar con él. “¿Sois seguidores de Aguirre?” creo que nos pregunta. “Claro, claro”. A partir de ahí iniciamos  una conversación la mar de amena que nos permitió, al fin, ser parte del grupo. Ello nos hizo estar mucho más seguroas: a partir de entonces ya le decíamos quedamente a todo el mundo en la la sala “Eh, que no somos raras, que este señor elitenormativo nos avala”. La conversación duró todo el rato que estuvimos haciendo cola, que fueron unos 25 minutos, y hablamos de España, de la izquierda, de los toros, y cosas así. Nos entendimos muy bien.

El turno le llegó al señor, y nos volvimos a quedar solas. Éramos casi las últimas de la cola. En ese momento volvieron los agentes:
– Entonces, como hemos quedado. Ninguna burla, ningún gesto, ni nada de eso, ¿no?
– No no, claro, señor agente.
– Bien, entonces nos entendemos.

Y llegó nuestra hora de gloria. Ahí subimos los tres escalones que nos separaban de esa rubia de leyenda.

– A ver, ¿vosotros de qué venís? – Nos espetó antes de que pudiésemos abrir la boca.
– Somos una organización feminista que la toma como modelo y…
– ¡Pero si pone “FEA”!
– Claro, claro, “Feministas con Esperanza Aguirre”, porque para nosotras usted…
– Ah, qué bien, sí, porque yo soy feminista aunque no lo diga, y he hecho esto y lo otro, y soy representante de la mujer en tal y cual – no recuerdo exactamente todos los logros que mencionó.
– Exactamente – respondimos.– Para nosotras es usted un referente claro de feminismo en política, y nos parece que su energía y su fuerza es un modelo a imitar por todas las mujeres.
– Sí, sí, yo llevo más de 30 años en política, estaba ahí mucho antes que todas estas feministas modernas, cuando la política era cosa muy de hombres, y eso la gente no lo dice.

En estos términos transcurrieron tres minutos de conversación. Hasta que por fin:
– A ver, que os firmo el libro. ¿Cómo os llamáis?
– Mariano y Elena.– Mariano, jejeje. La clave de la paz en el PP está en este libro firmado.
– “A-Ma-riano-y-Elena,-con-to-do-a-fec-to,-E.-A-gui-rre, raaas”. Muchas gracias por venir.
– ¿Podemos hacernos una foto con usted? – Ese era el momento decisivo. Parecía que Espe nos quería despachar, pero sin foto hubiéramos fracasado. No tuvimos miedo en pedírselo, ¡la policía nos había dado permiso!
– Sí, claro. – respondió con toda naturalidad.

Un par de disparos de la diestra L.T. y arreando. Como se aprecia en la foto, hay un guardia de seguridad vigilándonos atentamente. ¡Pero, por supuesto, no íbamos a hacer nada raro!

Una vez fuera, jolgorio y alegría. ¡Lo habíamos logrado! En cuanto pasaron un par de minutos y se nos templaron los corazones quedamos aún más aturdidas. ¡Habíamos hablando con la mismísima Esperanza Aguirre, lideresa, condesa, icono pop, pastora de viejos, liberal pero española!

Eramos los más guays, y todo eso por haber superado nuestros miedos. Así que ya sabéis: haced caso a Paulo Coelho.