¿Y si miente el presentador del telediario? Me pasé alguna parte de mi adolescencia bregando con las consecuencias de esa pregunta. La imposibilidad de saberlo arrojaba una respuesta inequívoca, pero ¿dónde refugiarse de lo que decía?

Tiempo después me hice de una profesión parecida. Estudié diseño gráfico en el London College of Communication y periodismo en la Universitat Oberta de Catalunya, y entre tanto me fui dedicando a la comunicación corporativa. Es decir, generar relatos con intención de crear realidad. Lo he hecho principalmente en el tercer sector. Trabajé para Bill Clinton y Felipe González en el Club de Madrid, gracias a lo cual conocí a Juan Luis Guerra en Nueva York (toma ya). En Greenpeace luché contra la Armada y Mariano Rajoy. También he sido profesor de comunicación en el IED de Madrid. Y he colaborado en en un pirrión de otras organizaciones y proyectos culturales.

El poder lo tiene quien puede hacer creer su relato al resto, viene a decir más o menos Michel Foucault traspasando mi pregunta. Un relato es una historietilla que explica la realidad como mejor interesa a quien la cuenta. He construido uno al elegir en el principio de este texto esa anécdota y no otra, de modo que muestre mi recorrido como una vocación inequívoca y temprana y no puro azar. Bueno, pues una parte importante de mi trabajo ha sido intentar contrarrestar eso que dice Foucault. En Greenpeace desarrollé, entre otras, campañas por la libertad de expresión y contra la desinformación. En 2014 y 2015 colaboré con No Somos Delito, plataforma creada contra las leyes mordaza. Pero sobre todo lo hice con mi niño predilecto, Homo Velamine, una copia cara del surrealismo y el situacionismo.

Homo Velamine fue un colectivo de artistillas, filósofos y periodistas hipsters. Explorábamos la hiperrealidad con actos ultrarracionales, pequeñas polillas que mordisquean el relato y dejan expuesta su calidad de ficción construida sobre el sentimentalismo y la autocomplaciencia. Nos colábamos en el torrente comunicativo de los mass media para difundir acontecimientos absurdamente lúcidos, y luego analizábamos con diversión y horror cómo el público zurcía inmaculadamente los mordisquitos con diversos sesgos sin ni siquiera ser consciente de ello. De manera inversa, también investigué cómo se adherían al relato del poder las producciones populares de memes y comentarios en internet.

Todo esto fue creciendo mientas a nuestro alrededor la desinformación iba tomando forma de monstruo de mil cabezas: Trump, Brexit o [ponga su ejemplo español favorito]. En 2018 el acto ultrarracional del Tour de La Manada consiguió llegar hasta el corazón mismo de la hiperrealidad. ¡El presentador del telediario mentía sobre una web que decía que el presentador del telediario mentía! Mi pregunta adolescente quedó desnuda. Pero el árbol del conocimiento está vedado, y en 2020 el Tribunal Supremo me condenó a pena de cárcel en un proceso que condujo a la desintegración de Homo Velamine y a mi despido de Greenpeace. Respuesta: no hay dónde refugiarse.

“Debemos hacer un uso hábil de los medios de comunicación imperantes para dotar de capacidad de seducción a propuestas aparentemente delirantes”, me exhorta Guy Debord. Y OK, pero también necesito ganarme el pan ahora que me han despedido, así que si necesitas meter tu propuesta en el flujo comunicativo, tanto en la parte técnica (web, redes sociales), estratégica (desarrollo de campañas) o teórica (análisis del hecho comunicativo), I’m your man.