“Podemos para todas”: el suicidio comunicativo de Iglesias


En Vista Alegre II, donde se decidirá el liderazgo de Podemos, Pablo Iglesias se enfrenta a Errejón con el eslogan “Podemos para todas”.

Es un suicidio comunicativo.

En lugar de encargarle el lema a una agencia de publicidad o de comunicación, que son las que saben de estas cosas, Pablo parece haberse dejado seducir por los activistas más vocingleros. Estos activistas y sus asambleas, reunidas en la torre de marfil de sus centros sociales okupados, son cada vez más imperbeables al mundo exterior, es decir, al Pueblo, y a menudo demuestran que están mucho más lejos de él que los políticos en sus coches con chófer y casonas en las afueras.

Bueno, al grano: explico por qué ese “todas” es un suicidio comunicativo, y ante el probable afán censor al que me enfrento, nótese que hablo de comunicación y no de feminismo:

– Que algo sea deseable (la visibilización de lo femenino), no significa que sea inmediatamente realizable. No creo que haya que insistir en que la forma del mensaje ha de adecuarse al público al que va dirigido, y este eslogan, cuyo público es muy general (todas las personas que pueden votar a Iglesias), flaquea por usar un lenguaje propio de una minoría (el feminismo urbanita). El lenguaje, por tanto, no apela al receptor, porque sencillamente no es su lenguaje habitual. El uso del “todas”, en cambio, hubiera estado bien en la página del Círculo Podemos de Feminismos, Transmaricabollos u otros colectivos semejantes. Pera en la página de Facebook general del Pablo Iglesias, que lee todo el mundo, no.

La “marea silenciosa” del Partido Popular es ejemplar: hace menos ruido que las mareas verde o blanca, pero es mucho más efectiva porque le asegura el poder al PP.

Los movimientos sociales a veces fagocitan sus propios éxitos. La primera semana del 15M fue un éxito: un par de ideas básicas consiguieron atraer cada vez a más y más gente. La segunda semana fue terrible: se empezaron a asentar cosas colaterales por las que la gente no había acudido a las plazas. Vegetarianismo, cuencos tibetanos, yoga, performances de payasos, grupos pro-Palestina y pro-Sáhara, etc. El feminismo, cuyos objetivos son loables, también fue parte de ese problema. Dirán que empezar a visibilizar lo femenino es útil, y efectivamente lo es, a no ser que ello impida una utilidad superior: en este caso atraer al mayor número de personas posible para ganar las elecciones. Y entonces sí se podrán hacer todas las reformas políticas y sociales para lograr una igualdad de género real. Algo parecido sucedió con las cabalgatas de Reyes en Madrid y Valencia: no soliviantéis al Pueblo con el detallito de los trajes o las reinas, que el Pueblo es muy duro de mollera. Secularizar en cambio totalmente vuestros ayuntamientos sin tanto jolgorio: eso es lo importante. En definitiva: hay que ser radicales de pensamiento, pero moderados en la acción.

– No hay que confundir el fondo y forma. El lenguaje es una herramienta que tenemos que usar tan limpiamente como podamos para transmitir nuestro mensaje. Si lo adornamos con elementos superfluos, la mente queda atrapada en ellos, y el mensaje se pierde. En particular, el uso del “todas” es nefasto porque en el castellano actual sí excluye a los varones. No es lo que pretende este eslogan, por supuesto, pero el hablante medio así lo entiende. Lo cual transporta al debate a “las feministas me excluyen” y no a “Pablo me convence”. Puede usted rabiar todo lo que quiera, pero es así. Y cuando esto ocurre, el error no es de quien recibe el mensaje, sino de quien lo transmite, aunque aceptar esto hiera su orgullo.

Cuando un mensaje no se entiende, el error no es de quien lo recibe sino de quien lo transmite,

– No siempre hay que hacer caso a los activistas. Puede que sepan mucho de justicia social, pero tal vez no de comunicación. Y, sobre todo, son muy vocingleros, pero no tienen porqué representar a la mayoría. En esto la “marea silenciosa” del PP es ejemplar: hace menos ruido que las mareas verde o blanca, pero es mucho más efectiva porque le asegura el poder al PP. En mi trabajo como community manager de Greenpeace recibía cada rato gente quejándose por los más variopintos asuntos, desde por qué no nos posicionábamos contra los chemtrails hasta por qué hacíamos guías de pescado cuando lo que habría que hacer es prohibir totalmente su consumo. Yo no como pescado desde hace 13 años, y estaría de acuerdo con esa prohibición, pero entiendo que una organización que abogue por tal cosa está abocada al fracaso. Atender a las peticiones de tal o cual minoría puede significar desatender o menoscabar las grandes causas por las que la gente se ha unido en primer lugar… y que pueden favorecer esas otras causas pequeñas de paso.

Poco ruido y muchas nueces: la “marea silenciosa” del PP es la que verdaderamente ostenta el poder.

El objetivo de Podemos y Pablo Iglesias es llegar al Gobierno. Para ello tiene que ganar las elecciones, y para ello tiene que conseguir que mucha gente le vote. Mucha más gente de la que ya está convencida: tiene que salir con un mensaje que apele a un sector mucho más grande que los izquierdistas más beligerantes. En esto, como ya hemos dicho muchas veces, tienen que aprender del PP, que es el partido que mejor maneja el lenguaje del Pueblo. Empezando por su propio secretario general, Mariano Rajoy, un señor afable y sencillo que cuando sale por la tele los señores piensan “éste es como yo”, las señoras “éste es como mi marido”, y todos “votar a este señor es como votarme a mí”. Y continuando por las innúmeras imágenes de políticos inaugurando autopistas, en tal o cual partido de fútbol, en misa, o jugando al dominó en la residencia de mayores. Esas son imágenes con las que el Pueblo se siente identificado, y no los besos entre hombres en el Congreso ni los carteles que hablan en femenino.

Rajoy es parte del Pueblo: ahí está. entre esos trabajadores esforzados que le apoyan. En cambio, Pablo exhibe una foto vieja y desencajada de unos negros. ¿Pero quería ser el presidente de España o el de Nigeria? Ya me dirán ustedes.

La solución es, no obstante, muy sencilla. Un “todos” hubiese sido igual de nefasto, porque hubiera contradicho la base feminista del partido. Pero algo evidentemente neutro, como “todas las personas”, hubiese inyectado limpiamente el mensaje y no hubiera generado óxido alrededor. Es más largo, sí, pero es un pequeño precio para usar un buen lenguaje inclusivo,

Así que lo digo por enésima vez: por favor, Pablo, cuñadízate ya.

(Y vosotros pinchad en el link para ver la base de todo esto)


Les dejo con Ortega y Gasset:

En vez de analizar previamente lo que es, las condiciones ineludibles de cada realidad, se procede desde luego a dictaminar sobre como deben ser las cosas. Éste ha sido el vicio característico de los “progresistas”, de los “radicales” y más o menos, de todo espíritu llamado “liberal” o “democrático”. Se trata de una actitud mental sobremanera cómoda. Es muy fácil, en efecto, dibujar una organización social esquemática que presente una faz atractiva. Basta para ello que supongamos imaginariamente realizados nuestros deseos o que, abandonando el intelecto a su puro movimiento dialéctico, construyamos more geométrico un cuerpo social exento de cuanto nos parece vicio y dotado de perfecciones formales análogas a las que tienen un polígono o un dodecaedro. Pero esta suplantación de lo real por lo abstractamente deseable es un síntoma de puerilidad. No basta que algo sea deseable para que sea realizable, y lo que es aún más importante, no basta que una cosa se nos antoje deseable para que lo sea en verdad.